Prohibido votar por una indígena

María de Jesús Patricio no obtuvo el registro como candidata independiente a la presidencia de México. Sin embargo, la causa a favor de grupos minoritarios y contra la discriminación seguirá su camino para cambiar el país.

Por JUAN VILLORO 24 de febrero de 2018

CIUDAD DE MÉXICO — El 14 de febrero una camioneta recorría el desierto de Vizcaíno en Baja California Sur. Daban las 3:30 de la tarde, después del almuerzo, bajo un calor intenso, en la Carretera Federal 1, que carece de curvas y adormece peligrosamente. Todo conspiraba a favor del riesgo, pero la caravana no podía detenerse.

En octubre de 2017, la indígena María de Jesús Patricio, conocida como Marichuy, inició su campaña para convertirse en candidata independiente a la presidencia, respaldada por el Concejo Indígena de Gobierno. Durante cuatro meses visitó los más diversos rincones del país para escuchar a sesenta etnias que carecen de representación en la política mexicana. Se suele pensar que los indígenas representan un bloque monolítico, con idénticas costumbres y creencias; en realidad, se trata de un mosaico multicultural que responde a realidades y proyectos diferentes. Para obtener la candidatura, Marichuy debía lograr antes algo más difícil: unir a las comunidades en objetivos comunes.

El jueves 14 avanzaba en las precarias condiciones que la acompañaron en todos los caminos. Si los políticos viajan en aviones y camionetas blindadas, Marichuy se sometía a trayectos extenuantes y se adentraba en regiones inhóspitas (el 20 de enero el coche de prensa que la acompañaba fue asaltado en Michoacán por una banda del crimen organizado). A cinco días de que venciera el plazo para lograr el registro como candidata independiente, la vocera hacía proselitismo en una de las regiones menos pobladas del país. No apostaba por el pragmatismo electorero, sino por acercarse a los más apartados.

En respuesta a la doble exclusión que representa ser india en un país patriarcal, Marichuy habla en los actos después de que hablen otras mujeres.

Bajo el denso sol de la tarde, la camioneta abandonó la carretera y volcó en la tierra donde crecen los huizaches. En el accidente murió Eloísa Vega Castro, de la red de apoyo a los pueblos indígenas. Varios tripulantes quedaron heridos y Marichuy sufrió la fractura de un brazo y tuvo que ser operada. Pasaron cerca de doce horas hasta que los heridos llegaron al Hospital Juan María de Salvatierra, en La Paz.

En el camino entre San Ignacio y Vizcaíno, en Baja California Sur, la camioneta en la que viajaba María de Jesús Patricio y once miembros del Concejo Indígena de Gobierno se volcó el 14 de febrero.CreditManuel Pérez/European Pressphoto Agency

El 15 de febrero la candidata indígena acaparó las portadas de todos los periódicos. Un impacto de muerte recibió la atención que no se le había prestado a sus ideas.

La ausencia está presente

La historia de María de Jesús Patricio Martínez se escribe como una serie de rupturas. Nacida en la región nahua de Tuxpan, Jalisco, hace 54 años, Marichuy trabajó la tierra desde niña en condiciones de explotación medievales. A los 12 años, impulsó a su padre a protestar. Recibieron más maíz, pero al siguiente año se quedaron sin tierra.

Su padre gastaba el poco dinero disponible en alcohol y la madre le pidió que fuera a vender semillas de calabaza a la vecina Ciudad Guzmán. Con sus exiguas ganancias, lograba que sus hermanos comieran.

Marichuy estaba destinada a cultivar el campo y encontrar marido. Su padre le prohibió que cursara la secundaria y la preparatoria; ella estudió a escondidas y se convirtió en experta en medicina natural. Hoy pertenece al cuerpo académico de la Universidad de Guadalajara. Una de sus pacientes más conocidas es su madre, que durante tres años estuvo paralizada de la cintura para abajo. Marichuy la trató con fomentos hasta que logró que caminara.

Sus rupturas también han tendido componentes culturales y de género. Fue la primera mujer en participar en Tuxpan en el baile de Los Sonajeros, ritual para pedir que llueva. En respuesta a la doble exclusión que representa ser india en un país patriarcal, Marichuy habla en los actos después de que hablen otras mujeres.

Cuando se presentó en el campus de la UNAM una pancarta decía: “Venimos a hablar de lo imposible, porque de lo posible se ha dicho demasiado”.

Democracia para ricos

Por primera vez, México tendrá candidatos independientes a la presidencia en las elecciones del 1 de julio de 2018. Sin embargo, esta oportunidad “histórica” llega precedida de irregularidades. Los partidos crearon requisitos restrictivos para garantizar que solo participen los profesionales de la política. Para registrar una candidatura independiente, se requieren 866.593 mil firmas y alcanzar el uno por ciento del padrón electoral en al menos diecisiete estados. En otras palabras: ser “independiente” es el plan B de quienes no fueron nominados por sus partidos.

Publicado em: https://www.nytimes.com/es/2018/02/24/opinion-villoro-marichuy/

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